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La Reina de Saba. Goldmark.

Extraido y editado de Radio Beethoven


Aunque Karl Goldmark nació en Hungría en 1839, de muy niño se trasladó a Viena, ciudad donde desarrolló prácticamente toda su carrera y donde falleció a los 85 años de edad, en 1915.

Goldmark pertenecía a una familia de judíos y su afición por la música vino de su padre, cantor de una sinagoga. A su condición eximió violinista desde muy pequeño agregó pronto la de ser un destacado compositor, y, no obstante haber legado una abundante cantidad de obras para los más diversos géneros, son básicamente tres las creaciones que lo han perpetuado en un plano de mayor figuración en la historia de la música. Ellas son el gran poema sinfónico ”Boda Campesina”, su concierto para violín, y la ópera “La Reina de Saba”.

El conocido tema de la Reina de Saba y su visita al Rey Salomón, relatado en el “Libro de los Reyes” del Antiguo Testamento, ha dado permanente pie para la creación de obras literarias, de las artes plásticas, del cine y también de la música.

Compositores como los franceses Antoine Elie Elwart y Charles Gounod concibieron óperas con el mismo nombre de “La Reina de Saba”. Haendel compuso el oratorio “Salomón”, donde el pasaje instrumental titulado como “Entrada de la Reina de Saba” es lo más divulgado. El italiano Ottorino Respighi, por su parte, creó la música para un gran ballet titulado “Belkis, la Reina de Saba”.

En 1863 Goldmark encargó al dramaturgo y poeta austriaco Salomón Hermann Mosenthal la redacción de un libreto sobre el tema de la Reina de Saba. Recibido el trabajo, el compositor lo calificó de inaceptable, razón por la cual éste tuvo que esperar dos años para que estuviera listo un nuevo libreto que contara con su aprobación.

Así, fue en 1865 que, ya con nuevos textos de Salomón Hermann Mosenthal, Kart Goldmark comenzó la composición de la que sería su primera ópera. Tras largos períodos en que el trabajo fue postergado, la obra vio finalmente su estreno en el Teatro de la Corte de Viena, recién en 1875, siendo importante el apoyo que recibió Goldmark de parte del gobierno húngaro para acelerar la finalización de la obra.

“La reina de Saba” es una ópera de partitura más bien convencional, pero demandante de una puesta en escena de alta suntuosidad, al estilo de algunas producciones de la “Grand Opera” francesa. Teniendo muchos tintes italianizantes, en el tratamiento musical hay también evidentes aproximaciones al lenguaje wagneriano, tanto por el desarrollo de un decidido cromatismo, como también por el uso, aunque no sistemático, del recurso del leit-motiv.

Conviene aclarar que la Reina de Saba a la que alude la ópera, fue un personaje que verdaderamente existió. Es citado tanto en la Biblia, como en el Korán y en la historia de Etiopía. Fue ella quien gobernó el reino de Sheba, nombre occidentalizado como Saba, ubicado en el suroeste de la península arábica, territorio que hoy ocupan Etiopía y Yemén.

Aunque los textos bíblicos no dan el nombre de esta soberana, ella es llamada Makeda en la tradición etíope y Belkis en la tradición islámica. Otros nombres dados a esta reina han sido Nikaule o Nicaula.

ARGUMENTO

“La reina de Saba” se sitúa en la Jerusalem del Siglo X antes de Cristo.

Acto primero

En el palacio de Salomón, Rey de Israel, todo está preparado para recibir la visita de la Reina de Saba.

Sulamith, la hija del Sumo Sacerdote, espera a su novio Assad, favorito del rey, quien ha sido enviado por éste a salir al encuentro de la extranjera visitante.

Cuando éste regresa se olvida de ella y señala no haber encontrado a la reina, agregando también haber conocido a una maravillosa mujer en un bosque, sintiéndose profundamente enamorado de esa desconocida. Desde entonces Sulamith prácticamente ha perdido la cabeza.

El Rey salomón hace ver al confundido Assad que él recuperará la paz interior cuando contraiga matrimonio con Sulamith.

La comitiva de la Reina de Saba se aproxima. La soberana hace su solemne entrada cubriendo su rostro con un velo, el cual al ser levantado evidencia en los ojos de Assad que ella misma es la mujer que éste conoció en el bosque.

La reina, en cambio, declara no haberlo nunca antes. El Rey Salomón invita a todos a la fiesta del matrimonio de Assad y Sulamith, que se celebra al día siguiente.

Acto segundo

La reina no ha querido reconocer en público a Assad, pero ello lo ama con pasión. Después de un encuentro oculto de ambos, llega el momento en que Assad debe contraer matrimonio con Sulamith, pero el joven, presa del descontrol, lanza por tierra el anillo nupcial, abalanzándose sobre la reina, vociferando que a ella es realmente a quien ama. Pero la reina declara, una vez más no reconocer a Assad.

Interviene el Rey Salomón, quien ante los actos de Assad, que incluyen la blasfemia a la divinidad, condena a muerte a quien era su favorito.

Acto tercero

Se celebra una gran fiesta en honor a la Reina de Saba. Después de los bailes y festejos, la soberana aprovecha su soledad junto al Rey para solicitarle la libertad y el perdón para Assad, pero éste rehúsa terminantemente, viendo evidentes dobles intenciones de parte de la reina.

Aparece Sulamith, cuyo buen corazón conmueve al Rey Salomón, quien le promete que pronto será feliz junto a Assad. Para ello perdona la vida a Assad, pero lo envía al exilio en el desierto.

Acto cuarto

En un santuario en pleno desierto, Assad ha buscado refugio, completamente abatido y enfermo. Hasta allí ha llegado la Reina de Saba, intentando buscar el imposible amor del joven castigado. Los esfuerzos de la soberana son vanos y debe marcharse.

Sobreviene una tormenta en el desierto. Cuando vuelve la calma, aparece Sulamith, encontrando a Assad en estado desfalleciente. Luego de ser perdonado por quien otrora fuera su prometida, Assad muere en los brazos de Sulamith.

 




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