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LA NOVIA VENDIDA. SMETANA

 

La novia vendida de Bedrich Smetana fue originalmente una opereta con diálogos hablados y números musicales. Una de las pocas comedias musicales perfectas. El 30 de mayo de 1866 se estrenó en el Teatro Provisional de Praga. Aunque gustó al público, no tuvo resonancia fuera de la capital. La ópera pudo conquistar en un tiempo relativamente breve el mundo entero y se encuentra en el repertorio fijo de todos los teatros de ópera.

Ópera cómica en tres actos.
Libreto de Karel Sabina.

Título original: Prodaná nevesta.
Idioma original: checo.

Personajes: Kruschina, un campesino (barítono); Katinka, su mujer (soprano o mezzosoprano); Mane, hija de ambos (soprano); Micha, terrateniente (bajo); Agnes, su segunda mujer (mezzosoprano); Wenzel, hijo de ambos (tenor); Hans, hijo del primer matrimonio de Micha (tenor); Kezal, casamentero (bajo); Springer, director de un circo ambulante (tenor); Esmeralda, bailarina (soprano); Muff, un actor disfrazado de indio (tenor); campesinos, miembros del circo, etc.

Lugar y época:
Un pueblo grande de Bohemia. La acción transcurre a mediados del siglo XIX.

Argumento:
La obertura, brillante y conmovedora, es una obra maestra; es imposible pensar en una introducción mejor para una comedia. En medio del acompañamiento tumultuoso y vertiginoso de las cuerdas, Smetana introduce un tema popular melodioso y bailable.
El primer acto se desarrolla en la plaza de un pueblo, un día festivo de primavera. Los coros y las danzas irradian alegría. Solamente Marie está triste. Ese día habrá de conocer al novio que sus padres le han elegido. Quienquiera que sea, su corazón pertenece a Hans, que intenta consolarla. A fin de cuentas es ella quien tiene la última palabra. Ambos renuevan los juramentos de amor. Marie canta sus profundos sentimientos en un aria de melodía tierna y a la vez rustica. (Es sorprendente que Smetana pueda inventar arias de estilo elevado y belleza pura sin salirse del marco de la comedia campesina.) Hans le cuenta cosas de su juventud: cuando murió su madre, el padre volvió a casarse, pero la madrastra pronto le hizo imposible la permanencia en la casa. Por eso salió a recorrer el mundo en busca de la felicidad. La encontró en el amor de Marie. El dúo de la pareja está lleno de sencilla ternura, la melodía responde exactamente al tono de la música popular checa.

Poco después entra en el pueblo, con aires de gran señor, el casamentero Kezal. Si se cree en sus palabras, no hay hombre más hábil que él en muchas leguas a la redonda. Y lo demostrará una vez más. Casará a Wenzel, el hijo del rico Micha, con Marie. El padre está de acuerdo, sólo la madre pone constantes objeciones. Como mujer no piensa tanto en los aspectos materiales del asunto cuanto en los sentimientos y la alegría de su hija. Sin embargo, Kezal, comprensiblemente, no se guarda de sacar a relucir los mejores aspectos de su protegido. Según su discurso, Wenzel es un dechado de virtudes. Pero Marie responde con un sencillo «No». Kezal no se arredra tan fácilmente. Sólo cambia de estrategia. Quiere que Hans, a quien Marie ama, renuncie a ella. Kruschi-na y Kezal se retiran, la gente joven vuelve a bailar.

El acto segundo transcurre en el interior de la taberna. Hans está presente. Brinda por el amor con los hijos de los campesinos. Kezal bebe también, pero por el dinero, la única motivación de su comportamiento. La taberna se llena. Muchas melodías del inagotable folclore checo, que Smetana trata de manera magistral, flotan en el ambiente. Aparece Wenzel: es débil mental y tartamudea. Marie se le acerca; finge compadecerlo, pues la novia que han elegido para él es un verdadero demonio. ¡No hay duda de que lo torturará y lo hará infeliz! ¡Y hay tantas chicas guapas que se mueren por él! A Marie no le cuesta disuadir a Wenzel de sus ideas matrimoniales. Durante el dúo cómico de ambos, Kezal y Hans hablan sobre el mismo tema en otra mesa. Hans finge caer en la trampa y acepta trescientos florines a cambio de renunciar a Marie. Sólo pone una pequeña condición, que Kezal acepta alegremente y sin sospechar. Sólo el hijo de Micha será el esposo de Marie. Se firma el convenio y pronto se entera la aldea de la «venta de la novia», de la traición de Hans, sobre quien cae el desprecio de todos.

El acto tercero se desarrolla otra vez en la plaza de la aldea. Ha llegado un circo, y el tonto Wenzel se ha enamorado de la bailarina Esmeralda. A ésta se le ocurre sustituir por Wenzel a un actor borracho que en la función de la noche ha de representar el papel de oso salvaje. Rápidamente le enseña los pasos necesarios para el papel. Los padres de Wenzel descubren el plan Spontini con horror y se enteran de que no quiere casarse con Marie. Cuando aparece ésta, Wenzel reconoce a la bella mujer que lo ha aconsejado. Marie ya no tiene más artimañas. Profundamente entristecida por la traición de su novio, pide a todos que la dejen sola para aclararse sobre su propio destino. Después de un magnífico sexteto, sus padres y los de Wenzel satisfacen su deseo. Entonces Marie proclama su dolor en una maravillosa aria. Hans la encuentra así. A la desesperación de Marie se opone la alegría incomprensible de Hans. Pero Hans no le da ninguna explicación sobre su manera de conducirse. Cuando pasa Kezal y le pregunta si Marie está dispuesta a casarse con el hijo de Micha, el joven responde en nombre de Marie con un alegre «sí». Promete que se ocupará personalmente del asunto. La desgracia de Marie alcanza su punto culminante, pero de repente todo se aclara. También Hans es hijo de Micha y por lo tanto hermanastro de Wenzel. Lleno de alegría, el padre lo reconoce después de muchos años, y la madrastra no puede hacer nada en contra. Y el marido de Marie será el hijo de Micha, pero no Wenzel, como supuso Kezal, sino Hans. Todo termina bien, sólo el astuto Kezal abandona rabiando la aldea en que ha fracasado.



Música:
Una de las pocas comedias musicales perfectas. Su música es magnífica, utiliza brillantemente el folclore y rebosa de ocurrencias propias; está tan lograda en el aspecto cómico como en el sensible, en el grotesco como en el serio, en los solos como en los conjuntos, en las partes cantadas como en las danzas. La sencillez de las melodías coincide perfectamente con el texto y el argumento, y sin embargo, ¡qué arte hay en esta sencillez! El papel de Kezal es una creación magnífica; la especialidad del bajo cómico encuentra en esta ópera una de sus figuras más jugosas (junto con Osmín, Leporello, van Bett, Baculus, el barbero de Bagdad, Beckmesser, Falstaff y Ochs von Lerchenau).



Bedrich Smetana (1824-1884)


El fundador de la ópera checa tuvo una vida trágica. Nació en Leitomischl el 2 de marzo de 1824, estudió primero solo, luego en el Conservatorio de Praga, antes de entrar al servicio del príncipe Thun. Liszt lo descubrió, como a tantos otros, y le ayudó a organizar una escuela de música en Praga. Sus obras encontraron mucha oposición, pues se le acusaba de «influencias wagnerianas». Además, era sospechoso ante las autoridades austriacas a causa de su nacionalismo checo. En 1856 viajó a la ciudad sueca de Góteborg en calidad de director de orquesta. Cuando unos años más tarde se fundó en Praga la ópera nacional checa sufragada por todo el pueblo, se llamó a Smetana para que la dirigiera. Pero no pasó mucho tiempo antes de que una enfermedad del oído, que se convirtió en sordera, lo obligara a dimitir. Y como si no hubiera bastado esta desgracia, al destino de Beethoven sumó la tragedia de Schumann. Su vida se apagó en el hospital psiquiátrico de Praga el 12 de mayo de 1884.

Smetana dejó gran cantidad de obras brillantes. En el ámbito dramático, Los brandeburgueses en Bohemia (1866), La novia vendida (1866), Dalibor (1868), Las dos viudas (1874), El beso (1876), El secreto (1878), Libussa (1881) y La pared del diablo (1882). Raya en lo incomprensible que sus últimas y no poco geniales obras se escribieran a la sombra de la locura que se aproximaba y entre horribles sufrimientos, que sólo le permitían oír la música de manera totalmente deformada, sonidos largos y agudos, y trinos estridentes. Hoy en día, el mundo reconoce en Smetana no sólo al fundador de la música nacional checa, sino a uno de los creadores más inspirados del siglo XIX.

Fuente: "Diccionario de la Ópera" de Kurt Pahlen

 

 

 



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